A LAS OCHO DE LA TARDE… EL SONIDO DE LAS ALMAS .

Felicitas Rebaque

Hasta las ocho de la tarde el tiempo parece estacionado en unos puntos suspensivos infinitos. 

Las calles silenciosas guardan el recuerdo de los pasos transeúntes, de las risas y algarabías de las gentes en su ir y venir trepidante. El corazón de la ciudad, de la tuya, de la mía, ha entrado en shock. Con frecuencia te asomas temeroso a la ventana por ver si algo se mueve fuera, porque tienes el pálpito que el reloj que marca los días se ha parado. Y al menos, en lo que a cada uno respecta, así ha sido… hasta las ocho de la tarde.

Ya no hacemos planes a largo plazo porque en verdad el futuro es incierto.  Vivimos el presente a golpe de número de muertos y contagiados, con la angustia en el corazón y el miedo en la mirada cuando tenemos que salir a la calle y nos cruzamos con los pocos que transitan en ella. 

No, no hacemos planes. Tan solo esperamos a las ocho de la tarde como cenit del día para asomarnos a las ventanas y hablar a través de nuestras manos, para abrazar, para en el aplauso unirnos en comunión con todas las almas del mundo. Para dar ánimos y recibirlos. Porque solo podemos librar esta guerra unidos.

No sabemos a ciencia cierta cuando habremos ganado la batalla a este enemigo invisible, pero tan mortal. Rezo para que las muertes no hayan sido en vano, que las lágrimas abonen las conciencias, que la solidaridad se imponga al egoísmo, y que este confinamiento nos sirva a todos de reflexión. Que los aplausos de las ocho de la tarde no se los lleve el viento. Espero que la humanidad salga fortalecida y con la lección aprendida. Puede que la Naturaleza nos esté dando la última oportunidad.