hembra

HERENCIA

Podía percibirse en el ambiente el olor frío
de un invierno aún no aposentado,
aún no establecido ni en el aire ni en el tiempo.
Ululaba el viento entre las hojas cenicientas de las viejas encinas,
entre las hojas ya pardas de los robles centenarios.
La noche entretejía silencios y rumores,
mientras bañaba la luna los extensos y solitarios campos.
Y en medio de todo, del profundo silencio de los bosques,
de la oscuridad nocturna alumbrada por el pálido resol de las estrellas,
en medio de todo está ella.
La envuelve un blanco manto de astros otoñales,
cayendo sobre la oscura túnica de la noche.

Lleva tiempo sintiéndose invocada
por una llamada salvaje y nocturna que hoy se ha abierto paso
entre las oscuras brumas de las calles.
Y un grito dentro de ella, una inquietud profunda,
la ha llevado en busca del silencio.
Apenas recorrió unos kilómetros
para alejarse del bullicio invasor de lo habitado,
para verse envuelta en una noche más noche que la urbana …
Y en el silencio tan lleno de sonidos su mirada se ha encontrado,
frente a frente, con las nocturnas sombras…
Han brillado sobre ella las estrellas,
abandonadas, a esta hora, de la luna.
Y ha sentido miedo; el miedo de una profunda soledad,
de una enorme indefensión ante lo desconocido,
de la ignorancia del origen de tantos sonidos escuchados.
Se ha sentido insignificante
en la intangible y oscura inmensidad …
minúsculo grano de arena batido
por la imparable grandeza de un mar sonoro y misterioso…,
breve y leve sonido en el grandioso conjunto de una orquesta.
… Se ha sentido insignificante y pequeña,
como si, de pronto, todo el peso del universo
fuese solamente soportado por sus jóvenes hombros.
Y ha sido tal la opresión sentida
que se le ha hecho un nudo en la garganta…
que su cuerpo ha comenzado a tiritar
ante la enorme magnitud que presiente que es el mundo…
azotada por encontrados sentimientos
desbordados en insospechado e incontenible llanto.

Pasó el tiempo tras esta noche extraña y muchas otras veces
ha vuelto a enfrentarse a solas con la misma,
se ha apoderado de su silencio plagado de sonidos,
ha descubierto las mil caras de una belleza apenas vislumbrada
desde la ciudad invadida de ruidos y de luces,
sustituyendo el miedo y la angustia
por una profunda comunión con lo más hermoso de ella.
Hasta que llegó el momento…

… En una noche de estío y estrellas temblorosas,
iluminado el entorno con la lechosa claridad
de una luna en su más lleno apogeo,
mientras se plagan las sombras de sonidos,
de latidos apenas presentidos de vida…
ha llegado el momento.

La acoge desnuda de cuerpo y alma la noche,
sobre la propia desnudez de la Tierra,
que le transmite el milagroso influjo de la Madre que la arropa…
Y hoy es cuando sabe,
hoy las sombras nocturnas le cuentan,
de la semilla de nueva vida que guarda su vientre,
sintiendo de golpe la sabiduría femenina transmitida desde siglos,
atrapando de repente los misterios de la vida,
descubriendo el lazo invisible que, desde aquella primera vez,
la ha ido uniendo irremediablemente a la Naturaleza.
Hoy comprende el irremisible atractivo de la noche,
la llamada impaciente de la Madre Tierra, …
hoy sabe que ha perdido definitivamente el miedo,
y se siente, a la vez, cerca de la tierra y las estrellas.
Y esta comunión hoy le ha contado
que la semilla que guarda en sus entrañas, será hembra, como ella …
Y, como ella, heredera de todos esos misterios
apenas vislumbrados estos años,
heredera de todos sus saberes y esperanzas,
heredera, por línea materna, de la Noche y de la Tierra…
Mercedes G. Rojo

Este poema resultó finalista en el II certamen de Poesía “Antonia Pérez Alegre” convocado por la Fundación Espejo de Viladecans, y publicado en la correspondiente antología.
Forma parte de un poemario inédito titulado Tu pie en mis zapatos, que espero vea pronto la luz.