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M – ¿Por qué escribes? ¿Hubo algún momento puntual que te abocó a comenzar a escribir?
MGR – Creo que escribir es para mí sobre todo una necesidad. Forma parte de mí, de mi forma de estar en el mundo y de expresarme en él, tal vez una consecuencia directa de mi timidez que me ha llevado siempre a ser bastante introvertida; es también lo que me da la calma para controlar mis impulsos, para ordenar mis ideas.
Escribo desde niña sobre todo por esa cuestión personal y la vida ha ido trayéndome circunstancias que me han permitido compartir parte de esa escritura con los demás. Es algo que siempre ha estado latente en mí y que se ha ido manifestando públicamente en función del momento.

M – En tu jornada diaria, ¿cuánto tiempo le dedicas a escribir? ¿Tienes algún ritual antes de enfrentarte al folio en blanco?
MGR – Hay días que mucho porque escribir forma parte de mi vida y también de mi trabajo que exige continuas dosis de creación. Hay otros días que, si nos tomamos al pie de la letra lo de sentarse frente al papel o al ordenador y darle forma a un texto, nada o casi nada. Soy una mujer de pulsiones y no, no tengo ningún ritual antes de enfrentarme al folio en blanco más que el de darle muchas vueltas al texto en mi cabeza antes de comenzar a pasarlo al papel. Esa es otra forma de escribir, en el aire, en la mente, lo que hace que ese tiempo en relación directa con el papel pueda llevarme de apenas unos minutos al día hasta varias horas. Difícil controlarlo cuando el proceso creativo está en marcha.

M – ¿Eres escritora de brújula o de mapa?
MGR – De momento de brújula, en lo que ha creación se refiere, claro. Como te dije soy una mujer de impulsos, de arrebatos, y eso marca mucho lo que me pongo a escribir en cada momento. Otra cosa son las vueltas que luego le doy a cada texto, pero en las que también actúa el instinto, el sentimiento.
Diferentes son aquellos trabajos más largos que requieren una ordenación de la información que transmiten, ahí sí soy de mapa. Quizá por ello aún no he afrontado una novela, porque me requiere una planificación a largo plazo que en este momento me da mucha pereza afrontar, quizá porque tengo demasiados centros de interés entre las manos, demasiadas cosas que decir y a público muy diferente.

M – ¿Qué te gustaría reseñar sobre tu obra literaria?
MGR – Ufff, no sé qué decirte ni si soy yo la persona más adecuada para hacerlo. En primer lugar que es una obra de larga trayectoria y que va viendo la luz muy poco a poco; qué es el reflejo de mis inquietudes, de mis intereses, que como son muchos también la hacen muy variada. Y sobre todo una obra muy sincera que vuelvo a disfrutar cada vez que puedo compartirla con la gente y palpar de alguna manera las pulsiones que despiertan en ellos, aunque no coincidan para nada con las mías. Y muy directa.

M – Que piensas sobre las nuevas tecnologías como instrumentos para el escritor. ¿Ayudan o entorpecen?
MGR – En lo que se refiere no al proceso creador sino al proceso de escritura en sí, desde luego que ayudan y mucho. Yo sigo utilizando mucho el papel y la pluma, pues cualquier lugar me resulta bueno para hacer mis anotaciones, apuntar nuevas ideas, esa palabra o esa frase que luego puede dar lugar a algo, ya sea relato, poema, artículo… Normalmente mis primeros borradores suelen ser a mano y luego ya viene el ordenador. Particularmente soy persona de corregir mucho, de darle muchas vueltas, de quitar, poner, mover… y hacer eso al modo tradicional es mucho más costoso (y pensar lo mucho que al principio me resistí al manejo del ordenador). A mí me facilitan mucho la tarea, pero mi última corrección siempre ha de ser sobre el papel y con una lectura en voz alta que me permita escuchar el ritmo de las palabras, su cadencia, cómo suenan al oído… Parece una tontería pero hasta que no leo en alto un texto que considero pueda estar concluido, realmente no lo doy por terminado.
También viene muy bien a la hora de buscar información cuando para escribir necesitamos recopilar datos de todo tipo, porque podemos acceder a los mismos casi cuando y como queramos sin necesitada (muchas veces) de acudir a una biblioteca o a una hemeroteca. También en esto facilita la tarea.
Otra cosa es si te refieres al hecho de la escritura como creación literaria. En ese caso te diré que lo considero un arma de doble filo. La gente se acostumbra a volcar en las redes cualquier cosa que se le viene a la cabeza, muchas veces sin repasar, sin reposarlo, y desde mi punto de vista esto incide más en la cantidad de lo que escribimos que en la calidad, a veces incitados por la respuesta compulsiva de quienes se asoman a las redes. Y, como creo que en general nos falta capacidad de autocrítica, de discernimiento sobre lo que ni siquiera llegan a ser opiniones sino el acto reflejo de un dedo sobre una tecla, acaban convirtiéndose más en una rémora que en un apoyo para avanzar en nuestro camino.

M – ¿Autoedición o editorial? Piensas que aún hay recelos en contemplar la autoedición para publicar una obra.
MGR – Pues depende del momento y de lo que se pretenda. Ambas posibilidades han existido siempre, pero creo que tanto en un caso como en otro a veces falta criterio.
Para mí el libro es la última fase de un proceso de creación, la ventana a través de la cual mostramos nuestra obra a los demás, por lo tanto, deberíamos cuidarla lo máximo posible. No vale cualquier cosa, ni en un caso ni en otro.
A veces la autoedición nos permite cuidar más los detalles, o adaptarlos a lo que realmente queremos, pues en un proceso de edición externa no siempre se tiene en cuenta la opinión del autor para según qué cosas. Lo malo es cuando confiamos en ella solo como la opción que nos permite llevarnos un porcentaje mayor de ganancias. Y el problema es que no controlamos la maquetación, ni la calidad de los materiales, y no digamos la distribución. Lo bueno es que a veces te permite sacar adelante proyectos en los que los editores no se implican bien porque no creen en ellos, bien porque no les sacan ni los beneficios mínimos que como negocios que son deben obtener para seguir adelante. Pero frente a lo que muchos piensan en el campo literario, no se trata solo de una cuestión económica, sobre todo cuando hablamos de proyectos relativamente pequeños.
Hay que estar muy seguros de lo que se quiere para optar por una u otra posibilidad. Valorar los pros y los contras antes de decidirse por una de ellas y, una vez tomada la decisión, cuidar todos los detalles. Al menos a mí es lo que me gusta hacer.

M – Escribes poesía y narrativa tanto para adultos como para el público infantil y juvenil, en cual de esos dos registros te sientes más cómoda y más identificada.
MGR – ¿Te refieres entre el registro poético y el narrativo o entre el de público adulto o de infantil y juvenil? En el primer caso te diré que por igual porque muchas veces no soy yo quien decide escribir relato o poesía, sino que es el momento, la circunstancia, el tema, quien (muchas veces sin mi consentimiento, qué conste) decide enlazar las palabras a través de las que manifestarse de una u otra forma.
En lo referido al tipo de público al que me dirijo es un poco más complejo, porque, en realidad, algunos de los proyectos lo hacen a un amplio espectro de población, como los álbumes ilustrados que, pese a que la gente se empeña en clasificarlos como LIJ, por aquello de las ilustraciones, en realidad son libros sin edad que cualquiera puede disfrutar: Y luego están los poemarios que, por sus características, se adaptan perfectamente a lectores jóvenes.
En cualquier caso, me siento cómoda por igual, porque si no fuera así, nunca hubieran visto la luz, ni siquiera se hubieran escrito nunca. Ya te he dicho que literariamente soy mujer de pulsiones y solo escribo sobre aquello que me motiva.

M – Desarrollas una gran labor como impulsora y animadora cultural, ¿crees que se obtiene, por parte del público, una respuesta proporcional a tanto esfuerzo?
MGR – Creo que, la mayor parte de las veces, no y que se responde más a aquello que genera espectáculo, presencia en las redes, que a lo que verdaderamente puede abrirnos camino a otros campos de conocimiento, y que si esos actos no tienen hueco para el protagonismo propio, para el autobombo, no interesan.
También te voy a decir que si realizo esta labor es porque creo firmemente en ella, en el papel de la Cultura como motor de cambio en la sociedad, quizá por dicho motivo no me preocupa tanto el número de público que acuda como que quien lo haga saque algo de ello: descubrir diferentes forma de escribir, de manifestarse artísticamente, compartir otras visiones, otras perspectivas; avivar la curiosidad por otras personas y sus formas de manifestarse; sentirse sorprendido Particularmente no busco crear grandes espectáculos sino momentos que no dejen indiferente a la gente, para bien o para mal.
Me da pena que no seaproveche más, aquello que yo impulso o lo que organizan otros, sobre todo cuando se trata de salir de nuestra zona de confort, de aquello que ya conocemos y que controlamos. A mí particularmente me gusta sorprenderme y es lo que busco con esta tarea, a veces muy ardua pero muy satisfactoria. Probar con lo desconocido, aceptar nuevos descubrimientos es lo único que nos permite seguir creciendo tengamos la edad que tengamos, porque nos ayuda a comparar y a seguir buscando.
Es un campo en el que lo cualitativo debería primar sobre lo cuantitativo y a veces medimos el éxito por la foto, por lo superficial más que por lo que verdaderamente pueda aportarnos.
Nos falta cultura como espectadores y nos sobra deseo de protagonismo.

M – En la actualidad, todo el mundo escribe, no tantos leen. Los medios sociales son plataformas para llegar a muchas personas. Cuantos más “me gusta” más se alimenta el ego. Yo pregunto: ¿calidad o cantidad?
MGR – Seguimos redundando en lo que ya comentamos antes: siempre el “yo” por encima de todos lo demás, sin capacidad de autocrítica (ni deseo de tenerla la más de las veces) y sin sinceridad a la hora de opinar. Y es verdad que esos medios sociales, las redes, nos dan la apariencia de que llegamos a muchísima gente. Cuantos más “me gusta” recibimos más se hincha nuestro ego, pero ¿nos hemos parado a pensar cuántas de esas personas que nos han clicado ese “me gusta” nos han leído realmente antes de hacerlo? Solo hay que fijarse y hacer un cálculo para ver que muchas veces es imposible que lo hayan hecho en el tiempo transcurrido entre que subimos el texto y le dan al botón. Seguramente todos lo hemos hecho más de una vez.
Y es triste que nos valoremos a nosotros mismos por el número de “me gusta” que hemos obtenido en las redes. Esos medios pueden crear demasiado “ruido”, demasiadas interferencias que hacen que se contaminen los circuitos y que personas con una obra verdaderamente interesante puede quedar en una especie de “limbo” del que será muy difícil rescatarlas si no coinciden las circunstancias adecuadas para ello. Parece que hoy, si no estás en las redes es casi como que no existieses y esto conlleva peligros. Ante ello yo siempre me decanto por buscar la calidad antes que la cantidad.

M – ¿Con cuál de tus libros estás más satisfecha?
MGR – No podría decirte. Cada uno de ellos me ha aportado algo, algo muy diferente porque diferentes son unos de otros, cada cual dando cabida a una inquietud distinta, por lo tanto las satisfacciones que me han traído también lo han sido. Por ejemplo:
Vamos juntos a jugar, fue mi primer libro en solitario y es como el primer hijo: algo especial, porque además surgió de un proyecto intergeneracional en el que se ha recogido la experiencia de los más mayores con la creatividad de los más pequeños, un libro para compartir y para recuperar la comunicación entre las diversas generaciones.
Días impares, mi primer libro de creación, me trajo la satisfacción de lo inesperado, de que alguien –sin conocerme previamente- creyera en mí al escuchar mis textos, cuando yo estaba todavía comenzando el proceso de organizarlos de cara a una posible propuesta editorial. Y me trajo momentos tan especiales como ver mi obra hermanada con la de grandes artistas de lo plástico que me han hecho crecer literariamente y afrontar otros proyectos que espero pronto vean la luz.
La leyenda del gato maragato: un sueño largamente acariciado, el primero de, espero, una larga serie de relatos dormidos en un cajón a la espera de verse iluminados por unos pinceles mágicos, que les dieran vida y establecieran un nudo indisoluble entre pasado, presente y futuro a través de la magia de la tradición oral.
La historia secreta de Pedro Mato: la reafirmación de la serie a partir de la cual se asegura la continuidad de la colección.
Pecado de omisión: la satisfacción de ver como mis poemas llegaban también a gente joven y mi grito ante la injusticia social encuentra eco y respuesta en ellos y en otros muchos ámbitos; y un paso más en lo poético.
Y aunque no es un trabajo exclusivamente personal no puedo por menos que señalar la satisfacción que me ha causado el último libro publicado, De lunas, mujeres y otras historias, un proceso de creación literaria junto a Noemí Montañés y Rosa Marina Glez-Quevedo, que nos ha permitido disfrutar con él tanto como hemos aprendido.
Luego hay colaboraciones de las que estoy muy orgullosa, por lo que implica no tanto el libro como resultado (qué también) sino el proyecto que ha dado lugar al mismo. Solo que sería ya alargar demasiado esta respuesta. Y es que cada uno de los libros que saco adelante han sido largamente madurados y pensados.

M – ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto en la actualidad?
MGR – A nivel literario siempre tengo varios proyectos en la manga. Unos reposando antes de emprender el vuelo final, otros que siguen creciendo poco a poco. No soy mujer de un proyecto único, bien lo sabes, siempre mantengo varias vías paralelas abiertas.
Algunos de esos proyectos están ya muy avanzados, pero me vas a permitir que me los guarde en la manga hasta que definitivamente estén ya en imprenta y no haya con ellos marcha atrás. Este mundo es muy complicado y a veces las cosas que pensabas estaban perfectamente encauzadas se truncan por diversos motivos. Solo te voy a anticipar que uno de ellos (por cierto, el más complicado), de salir adelante, pondría el broche de oro a un largo tiempo de trabajo, y el otro (otros dos en realidad) tiene que ver con el público más joven y me hacen mucha ilusión porque son proyectos largamente soñados.
A partir de ahí, cualquier cosa puede ocurrir, porque es mucho el material acumulado durante años de trabajo que estoy repasando y reorganizando para darle a cada uno la entidad que merece.

Y muchas gracias por abrirme este espacio tanto a mis textos como a mis inquietudes literarias. Es un honor para mí, formar parte de este grupo.