Carta al 2020 by Quinny Martínez

Feliz 2019

Buenos días Juan, aquí va mi carta navideña. Abrazo.

Carta a la Patu.

 

En mi memoria platos vacíos que se niegan a quedar en el olvido, se niegan a ser sumergidos en la espuma que pretende borrar para siempre la huella de aquellos manjares compartidos con amor, y que por momentos se visten de adioses irreconciliables. El tajine de turno con todas las especias y el cariño del mundo, la conquista del amor en la red, copas vacías aun húmedas peleando por no resecarse, tenedores, cucharas, servilletas de papel, una mesa descompuesta, las sillas trajinadas y la sensación de estar recostada en aquel viejo sofá naranja; recuerdos luchando por no dejar en la esfera de las ausencias absolutas los sueños allí concebidos. Sonrisas, carcajadas, lágrimas, llanto, días, noches, amaneceres en duelo y atardeceres a la espera del frescor, para hacer el cigarro en el balcón. Imágenes luchando por no quedar en ese maldito olvido.

 

Quiero que sepas que mi querer se mantiene a pesar de que el orgullo se sostiene desde dos extremos distintos, los dos corrompidos por la rabia y el ego. Intentar una llamada, resarcir la deuda pendiente, deuda que ha supuesto como prioridad la ignominia, revolcando las buenas intenciones, la verdad, el entendimiento y la honra, en el fango del “tú no eres buena persona”.  

 

Recuerdos divinos, el sabor de mis inventos marinados con el vino, tus ocurrencias, tu sonrisa, tus amigos y los míos, sabores que se resisten al tiempo para no quedar en el maldito olvido. A pesar de todo, a pesar de nada, de la nada que de repente se vuelve un remolino de infamia que se torna en mi contra, indiferencia amarga, dolorosa que se rehúsa a sostenerse por sí sola, y que se lleva por delante inmerso en confusión y resentimiento lo que amamos. A pesar de todo te quiero y te querré siempre, contigo reforcé mis creencias en torno al valor de guardar secretos, la inmensidad del amor verdadero, y la amistad. Hoy día, después de un año de ausencias, soy más consistente de mi mismidad, te he extrañado de manera diferente y por instantes el silencio duele a mares. Quiero que sepas que la lealtad se mantiene de este lado de la mesa, que la ausencia no significa olvido, que estoy sanando para “el día D”, que comprenderé si el reencuentro es sólo para decir hola y chao, porque yo me quedo con lo bueno. No hay espuma que deshaga lo que anida un corazón humano con verdad, lucho a diario en contra el maldito olvido que de a poco se ha ido apropiando de ti y de mí.

 

¡Felices fiestas !

Quinny Martínez Hernández.

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