EL SUEÑO DE GEMA By Victoria de la Fuente

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Aldabas portales

Había discutido acaloradamente con su pareja durante la cena por sus celos, estaba cansada de aquella situación y no sabía cómo ponerle fin a su relación porque dependía económicamente de él.

Se durmieron espalda contra espalda  refunfuñando como casi todas las noches, agotada se sumió en un profundo sueño en el que ya era de día y tomaba un café con su mejor amiga mientras le contaba una vez más la situación, ella entonces le sonreía esperanzada y se ponían a hablar sobre lo que harían si finalmente la suerte les sonriera y les diera aquel buen pellizco con el  que soñaban cuando jugaban al euro millones cada semana.

A fin de cuentas… ¿a quién podían dañar sacando dos euros de casa cada una? Soñar era gratis. ¿O no?

Sonia divagaba con comprarse un montón de cosas…

Gema tenía otros planes.

El sábado siguiente la noticia saltó en la prensa como la pólvora, el boleto que llevaban echando conjuntamente dos años resultó premiado con 100 millones de euros, pero Gema no estaba viendo las noticias. Sonia la llamó y como sabía la situación de su amiga en casa no quiso que ella se viera traicionada por su reacción, porque era transparente como un papelillo de fumar, así que le pidió que fuera a su casa para ayudarla a llevar a la niña a urgencias.

Cuando Gema entró en casa de su mejor amiga ya su cara le dijo que algo pasaba, miró a la niña, pero ella jugaba en el salón, fue entonces cuando le pidió calma y le mostró el boleto premiado y al mismo tiempo el móvil y los números coincidían.

Inmediatamente cuadró lo que significaba y se fundieron en un abrazo que se tornó en un baile con saltos y cantos.

Sonia sacó unas cervezas y brindaron por el buen uso de aquella bendición de dinero.

Gema regresó a casa meditando sobre si sería buena actriz para pretender ante aquel hombre que todo lo que había pasado no había pasado en realidad, que lo que la llamada que la  había sacado de casa era real y que iba a mentirle por primera vez y, para su sorpresa se rebeló ante sí misma como una actriz de Oscar.

Él preguntó y ella respondió y para él quedó patente que Gema estaba muy preocupada por la niña de aquella amiga que él no soportaba.

En unos días Gema tuvo todo arreglado.

Mientras Sonia siempre habló de comprar cosas, casa, coche, de mirar el mejor colegio para su hija, Gema estaba en otra etapa vital y solamente quería pasar página de aquella mala relación que la estaba ahogando.

Tan pronto como tuvo su parte del dinero ingresada en una nueva cuenta bancaria que él no conociera, un nuevo teléfono, y el pasaporte listo se subió al primer autobús que salía de la estación sin más pertenencias que una mochila en la que llevaba su viejo ordenador, su tablet y una cámara de fotos.

Llegó a Madrid y visitó todo aquello que deseaba, museos, calles, restaurantes, jardines, palacios.

Compró cosas a medida las necesitaba, unos vaqueros, ropa interior, alguna camiseta, calzado, sencillamente lo necesario, pues cuando salió de su casa no se llevó nada más que lo que le cabía en la mochila y valoraba más lo que le cabía en sus dispositivos que la ropa.

Fotos, videos y otras cosas que llevaba allí metidas.

En Madrid sentada diez días más tarde frente al desayuno en una céntrica y tranquila plaza, tomaba un generoso desayuno cuando se planteó qué quería hacer a sus cuarenta años y pidió la cuenta para caminar un poco hacia el Paseo del Prado.

Allí, frente a ella, vio un quiosco donde se vendían además de periódicos, mapas, compró uno y como ya era mediodía se metió en El Café de Gijón a tomar una cerveza y volvió a jugar a un juego que ya había jugado en algún otro momento de su vida, viajar por el designio de su dedo.

Cuando el camarero posó el vaso con la cerveza sobre la mesa ella desplegó el mapa tanto como pudo ante su curiosa mirada y levantó el vaso con la mano derecha y metiendo el dedo índice de la mano izquierda, cerró los ojos y movió la mano por encima del mapa con movimientos oscilantes, abrió los ojos y la gota fría que antes colgaba de su yema ya no estaba, había caído cerca de Islandia, tras beberse la cerveza salió de allí y fue a comprar un billete de avión a Islandia, tardó menos de lo que esperaba en llegar a Keflavík.

Allí repitió la misma forma de actuar, visitar los lugares que le parecían destacables, se hartó de tirarse en prados a ver las auroras boreales y tomar fotos, disfrutar de la comida y de la gente del lugar, intentar empaparse de todo lo que el país representaba y era, a Gema no le gustaba el frío y en septiembre volvió a sacar su mapa y eligió otro destino.

Siempre había deseado conocer Goa en La India por un comentario que alguien hizo en una cena, allí pasó tanto tiempo como el visado le permitió.

De allí viajó a Punta Arenas, Punta Uvita en Costa Rica, se bañó entre delfines y ballenas, conoció todo tipo de animales maravillosos a los cuales iba fotografiando.

Fue entonces cuando creó una cuenta de Facebook con un pseudónimo y con ella creó una página a la que iba subiendo sus imágenes cuando tenía wifi, a veces pasaban semanas entre una carga  de imágenes y la siguiente, para su sorpresa cuando volvía a subir fotografías la página había aumentado en unos miles de seguidores y tenía numerosos comentarios pidiéndole información sobre el lugar dónde se había hecho la foto o cómo se llamaba un animal en concreto.

Todo aquello le pillaba por sorpresa cada vez.

Una de las veces que fue a subir imágenes a la página estaba en Moscú disfrutando de las maravillosas estaciones del metro y allí un chico le dijo que debería hacer un blog.

Años después su blog era uno de los más visitados, un punto de referencia en el mundo de la fotografía, lo había convertido en poco tiempo en página web y le reportaba grandes ingresos anuales.

Pero a ella lo que de verdad le gustaba era viajar, sin demasiado tiempo en ningún lugar, aunque en todos lados llevaba la misma rutina, madrugaba, meditaba, hacía yoga, salía a caminar y a tomar fotografías, hacía algún deporte que le gustase y comía todo aquello que se comiese en el lugar que visitaba.

Entonces su caprichoso mapa la llevó de vuelta al punto de partida.

Habían pasado diecisiete años desde que se marchó.

Lo primero que hizo fue ir a ver la playa que tanto amaba, luego en su ciudad visitó las calles que para ella eran emblemáticas y tomó algunas fotos, se sorprendió de cuánto habían cambiado algunas cosas y cuánto no, eso le dejó patente cuánto había cambiado ella en aquellos años.

Tener cincuenta millones de euros en el banco un año, y pagar los impuestos al año siguiente suponía tener una facilidad que el resto de las personas normales no tenían y ella sí.

Y antes de cenar llamó al telefonillo de su amiga, nadie respondía, decidió esperar,  por la calle bajaba una chiquilla abrazada a un chaval, vestía muy mal, hacían eses, iban fumando y por el olor adivinó qué fumaban, cuando llegaron a la altura del portal la chica se le encaró preguntando.

-¿Dónde vas vieja?

-Al tercero centro.

-Es mi casa, ¿A qué coño vas allí?

-No, creo que me he equivocado. — Respondió taciturna ¿No vive ahí Elena? — En un click decidió mentir al quedar patente que aquella niña que antes conocía y había sido tierna y educada ahora era alguien grosero y adicta a ciertas sustancias.

—Pa mí que tas equivocao pringá. – le espetó la chica acercándose más y dándole la oportunidad de oler su aliento apestando a cerveza y marihuana.

Viendo con qué tipo de individuo decidió que era mejor volatilizarse y marchar al hotel a dormir.

A la mañana siguiente desayunó y volvió a su antiguo barrio caminando, se metió en un bar y se sentó a esperar frente a la casa de su amiga Sonia, vio otra vez a aquella chiquilla salir del portal, pero entonces llevaba a una mujer en una silla de ruedas y la introdujo en un coche adaptado, preguntó al camarero quien le contó que fue un escandalo en el barrio porque a esa vecina le tocó la lotería, compró la casa que tenía alquilada y un coche y antes del primer año ya se había pegado un piñazo con el flamante coche nuevo quedando en silla de ruedas y obligando a su hija a cuidarla para siempre, la chica se había convertido en la zorrita politoxicómana del barrio que cambiaba de novio cada pocas semanas.

Gema sacó su viejo mapa otra vez.

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